Soy Francisfem
Empecé tejiendo por placer. Ahora lo hago por vocación.
Del hobby a la pasión
Todo empezó un fin de semana con unas tiras de mimbre y un tutorial en internet. No buscaba montar un negocio — solo quería hacer algo con las manos, desconectar del ruido del día a día.
Pero cuando terminé mi primera cesta y la colgué en Instagram casi sin querer, las reacciones me sorprendieron. Amigas, conocidas y personas que no conocía de nada me preguntaban si la vendía. Y ahí algo hizo clic.
Llevo años perfeccionando la técnica, aprendiendo de artesanas más experimentadas, probando materiales, rompiendo cestas y empezando de nuevo hasta que quedan exactamente como las imagino. Cada pieza que hago es única — porque el mimbre no se deja copiar, y yo tampoco quiero copiarlo.
Hoy quiero dar el salto definitivo y convertir esto en mi proyecto de vida. Cada cesta que compras me acerca un poco más a ese sueño.
Por qué mis cestas son diferentes
Las hago yo, todas
No hay fábrica, no hay empleados, no hay producción en serie. Cada cesta pasa por mis manos de principio a fin. Cuando la recibes, sabes exactamente quién la hizo.
Mimbre de calidad
Solo trabajo con mimbre natural de calidad. La diferencia se nota al tacto: más flexible, más resistente, con una textura que las cestas industriales no pueden imitar.
Hecho sin prisa
Tejer bien no se puede apresurar. Cada nudo, cada vuelta tiene que estar en su sitio. Por eso mis cestas no son rápidas de hacer — y por eso duran años.